Vida bajo las cenizas
La exhibición
“Pompeya: historias de una erupción”
que presenta el Museo Field, presenta
los relatos de las personas comunes
que perdieron la vida en uno de
los desastres naturales más recordados:
la erupción del Monte Vesubio.
Hace más de tres años el equipo de exhibiciones del
Museo Field comenzó a planear una de las muestras más
ambiciosas y ricas en elementos que ha presentado en los
últimos años.
Se trata de “Pompeya: historias de una erupción”,
compuesta por 12 réplicas de esqueletos de las víctimas
de la catástrofe, más de 480 artículos personales,
lienzos y proyecciones en video y que busca que el
espectador común entienda a detalle lo que sucedió en
uno de los cataclismos más violentos de todos los
tiempos: la erupción del volcán Monte Vesubio.
Gracias a la narración de Plinio, el joven que
sobrevivió la catástrofe que azotó Pompeya el 24 y 25 de
agosto del año 79 D.C., es que casi dos siglos después
podemos conocer más de ella.
En ese entonces cientos de personas murieron y una
sociedad cosmopolita y vibrante quedó enterrada bajo las
cenizas. Pero esta exhibición le permitirá conocer un
poco de lo que fuera en todo su esplendor, ya que
“revive” a los habitantes del mundo antiguo.
Joyas, monedas, artículos de plata, coloridas pinturas y
mosaicos y objetos del diario vivir forman parte de esta
muestra que narra la vida de los que alguna vez fueran
los habitantes de las ciudades ubicadas en la bahía de
Naples: Pompeya, Herculano y Oplontis.
“Para entender la muestra es importante saber qué pasó
antes de la gran erupción”, explica Francesca Madden,
Directora de Exhibiciones del Museo Field.
Detalla en el año 62 D.C. Pompeya sufrió un terremoto de
gran magnitud, lo que provocó que muchos de los
cimientos de los edificios principales quedaran
frágiles; con el paso de los años también hubo cambios
en el sentido urbanístico tanto de Pompeya como de
ciudades aledañas. Este fue uno de los factores clave
cuando ocurrió la catástrofe del 24 de agosto.
“Irónicamente un día antes (23 de agosto) era la fiesta
del dios Volcano y todo el mundo celebraba, pero al día
siguiente se ve por primera vez la columna eruptiva que
fue el inicio de la erupción”, comentó Madden.
El viento, que estaba en dirección hacia el sureste, fue
otro de los factores importantes en esos días de
destrucción y muerte, transportando un flujo de material
piroclástico –nube de gas, ceniza y roca sobrecalentadas
expulsadas del volcán- hacia Pompeya.
En Herculano, el balneario de la Roma antigua y sitio de
las grandes y majestuosas villas, la situación era
diferente: sus habitantes podían ver la columna eruptiva
y sentir los temblores asociados con la erupción, pero
no sufrían –en ese momento- de ningún efecto.
“Uno de los errores es que mucha gente piensa que fue
una erupción de lava lo que acabó con estas ciudades,
pero lo que realmente sucedió fue que avalanchas de gas
incineraron todo al instante, las personas en Hercolano
no tuvieron tiempo de nada, en cuestión de minutos la
primera avalancha arrasó con todo”, narra Francesca.
Un total de 75 pies de material piroclástico cubrió la
ciudad; esto le provocó la muerte a sus habitantes, pero
también les permitió pasar a la posteridad…y a la
historia.
Según Madden, este material es dúctil y se amoldó a
cualquier superficie; es por eso que desde cadáveres
humanos, joyas, monedas, la estructura de las casas y
hasta alimentos se han podido conservar a pesar del paso
de los siglos.
EXHIBICIÓN
La mayoría de las piezas que forman la muestra son
pequeñas y con mucho detalle, desde anillos con grabados
que sólo se pueden ver a través de una lupa, hasta
llaves de las puertas de las casas.
Además de cosas de más valor como joyas, dinero o
artefactos de uso diario que tienen un valor mucho más
grande, desde grabados en pieza, monedas fusionadas por
el calor hasta cajas de seguridad.
“Muchas son cosas que la gente podía llevar puestas o en
sus bolsillos, en ese momento y en cierta manera nos
pone a pensar qué llevaríamos nosotros actualmente si
estuviéramos en una situación parecida”, agrega Madden.
La muestra está organizada por ciudad, primero está
Herculano, luego Oplontis y al final Pompeya y dentro de
cada ciudad, el tema es la casa y las víctimas que ahí
fueron encontradas con todo y su indumentaria en ese
momento.
La directora de exhibiciones del Museo dice que
normalmente cuando se habla de Pompeya se piensa en las
clases altas, pero asegura lo que hace diferente y rica
a esta muestra es que “habla” de la gente común, desde
el campesino, el esclavo, el gladiador y el doctor.
Para ella, una de las piezas más conmovedoras de la
exhibición es un juego de materiales quirúrgicos que fue
encontrado cerca de una de las víctimas.
“Con cosas como ésta es que empiezas a poner punto por
punto para crear esta historia, y uno empieza a imaginar
que quizá este hombre era un doctor y quizá salvar a la
gente; esta exhibición muestra que la tragedia fue un
ecualizador que puso a gente de todos los campos en un
mismo lugar en una misma situación, la naturaleza no
discrimina”, finalizó Madden.
Las piezas de “Pompeya: historias de una erupción”,
provienen del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y
de la Superintendencia de Arqueología de Pompeya, una de
las organizadoras del evento y es presentada gracias al
patrocinio de Harris Bannkcorp.
“Pompeya”, se exhibe hasta el 26 de marzo de 2006
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