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TEMA: LA NARRACIÓN SORPRENDENTE DE UN TESTIGO DE LA DESTRUCCIÓN DE POMPEYA

 

RECUERDOS DE UN HABITANTE DE HERCULANO

        Cayo Plinio Cecilio Segundo (62-113),  en realidad conocido como Plinio el Joven, fue un escritor y político romano. Dejó numerosas cartas las cuales nos brindan una detallada descripción de la vida en esa época. Nació en Novum Comun (Como) y estudió en Roma con el famoso retórico romano Quintiliano. Tuvo un gran talento para la oratoria y para la literatura, destacándose en sus estudios y posibilitándole ocupar cargos oficiales. Fue tribuno militar en Siria, donde frecuentó las escuelas de los estoicos. A los 25 años fue cuestor, luego pretor y cónsul en el 100. En ese mismo año escribió su Panegírico, elogio al emperador Trajano. En el 111 lo nombraron legado imperial (gobernador) del a provincia de Bitinia. Publicó 9 libros de epístolas y un libro sobre su correspondencia como gobernador con el emperador Trajano. 
        El fragmento siguiente proviene de una carta que Plinio el Joven le mandara a su amigo, el historiador Publio Cornelio Tácito comentándole su experiencia en el momento de la erupción del Vesubio. Esta narración es la única sobre el hecho. 

 

 

"Los edificios a nuestro alrededor se sacudían y aunque estábamos en un lugar abierto, pero angosto, el temor de un derrumbamiento era grande e inminente. 
Sólo entonces nos decidimos a salir de la población; nos siguió una multitud aterrada.[...] Nos acabábamos de sentar cuando se hizo de noche, no como cuando hay luna o el cielo está nublado, sino como cuando nos encontramos en un local cerrado con las luces apagadas. 
Oía los lamentos de las mujeres, los gritos de los niños, el clamor de los hombres: unos buscaban con grandes gritos a sus padres, otros a los hijos, otros a sus consortes. Se reconocían por las voces; algunos se lamentaban de su propia suerte, otros por sus seres queridos; había quien por temor de la muerte invocaba a la muerte; muchos alzaban los brazos hacia los dioses, otros muchos decían que no había dioses y que aquélla era la última hora del mundo.[...]" 

 
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